Gracias a la implantación del compliance en las empresas, nos hemos familiarizado con el concepto de canal ético, ya que es una de las herramientas imprescindibles de cualquier sistema de gestión de compliance. Y tras la entrada en vigor de la Directiva Whistleblowing, el canal ético convive con el canal de denuncias, muchas veces usados como términos sinónimos, ¿pero son realmente lo mismo el canal ético y el canal de denuncias? En este artículo explicamos qué es un canal ético y en qué se diferencia del canal de denuncias.

¿Qué es un canal ético?

Un canal ético o canal de ética es el conjunto de herramientas y procedimientos que permiten a los miembros de la empresa informar o notificar, de manera confidencial y anónima, conductas, acciones o comportamientos cometidos por otros miembros de la empresa que contravienen la normativa interna de la misma, normalmente recogida en el denominado código ético (conjunto de normas, pautas, líneas de actuación y valores corporativos que forman parte de una empresa, los cuales están formulados a través de una serie de principios acordados desde la propia organización y que constituyen una base fundamental de su normativa interna).

Así mismo, el canal ético permite a las empresas contar con una herramienta de supervisión, a través de la cual se pueden detectar de forma temprana comportamientos o acciones que pueden derivar en actos ilícitos, poniéndoles fin antes de llegar a ese punto.

El canal ético forma parte del sistema de gestión de compliance y está a disposición de cualquier miembro de la empresa, desde personal directivo hasta empleados.

El canal ético, propio de la cultura whistleblowing anglosajona, cobró mayor relevancia entre las empresas españolas tras la reforma del Código Penal y la introducción del artículo 31 bis, que impone a las empresas la obligación de «informar sobre los posibles riesgos e incumplimientos al organismo encargado de vigilar el funcionamiento y observancia del modelo de prevención». Aunque no se menciona explícitamente el canal ético, de la obligación establecida en el Código Penal se entiende que esta es la herramienta más adecuada para ello.

El canal ético se convertía así en uno de los medios para que las empresas pudieran atenuar o eximir su responsabilidad penal en la comisión de determinados delitos por parte de sus miembros (siempre que se pudiera demostrar la eficacia y eficiencia tanto del canal ético como del modelo de prevención implantado en la empresa).

En la actualidad, con la entrada en vigor de la Directiva Whistleblowing y la Ley de Protección de informantes de corrupción española (que transpone dicha directiva), el canal ético sigue siendo relevante, pero para cumplir con la normativa debe «convertirse» en un canal ético de denuncias o un canal de denuncias.

¿En qué se diferencia el canal ético del canal de denuncias?

La principal diferencia entre el canal ético y el canal de denuncias está en su ámbito de aplicación; aunque comparten el mismo fin, facilitar la denuncia confidencial de irregularidades, el canal ético está vinculado a la normativa interna de la empresa y solo pueden usarlo los miembros de la misma (es decir, empleados actuales) para denunciar malas prácticas o infracciones del código ético de la compañía.

Por su parte, el canal ético de denuncias o canal de denuncias puede (y debe) emplearse para denunciar cualquier irregularidad o ilícito administrativo o penal que se esté cometiendo dentro de la empresa. Así mismo, el canal ético de denuncias pueden usarlo no solo los miembros de la empresa, sino cualquier persona que tenga o hubiera tenido un vínculo con ella (ex-empleados, ex-directivos, candidatos en procesos de selección, becarios, proveedores, socios o clientes), por lo tanto, siendo público, tal y como se contempla en el reglamento del canal de denuncias.

La otra diferencia entre el canal ético y el canal de denuncias es la obligatoriedad; el canal de denuncias (o sistema interno de información) es obligatorio para empresas con 50 o más empleados, así como otras empresas de determinados sectores contemplados en la normativa del canal de denuncias y en otras leyes, como la Ley de prevención de blanqueo de capitales. Mientras que las empresas de menos de 49 empleados y no obligadas por otra normativa, podrán seguir usando un canal ético (reciba este el nombre que reciba).

Por lo demás, canal ético y canal de denuncias son y funcionan igual, por ejemplo, el anonimato en el canal de denuncias también se aplica en el canal ético, permitiendo que los testigos puedan enviar denuncias anónimas. O es posible tener un canal ético o un canal de denuncias externo (un canal gestionado por un servicio externo, que se ocupa de recibir las denuncias y valorar si deben ser o no investigadas por parte del organismo o comité de la empresa responsable de esa labor).

Canal ético o de denuncias ¿cuál implantar en mi empresa?

Optar por implantar un canal ético o denuncias en tu empresa dependerá de si por tu número de empleados o por tu actividad estás obligado a tener un canal de denuncias, como se recoge en la normativa whistleblowing o no.

Como ya hemos visto, las empresas con 50 o más empleados y aquellas que por su actividad estén obligadas a tener un sistema interno de información, deberán implantar un canal de denuncias que cumpla con los requisitos establecidos en la Directiva Whistleblowing y en la Ley de Protección de informantes de corrupción.

Si no es el caso de tu empresa, podrás implantar un canal ético. Ahora bien, para que este canal de ética resulte efectivo y eficiente dentro de un programa de prevención de delitos penales o compliance penal, de cara a atenuar o eximir a la empresa de una posible responsabilidad penal, es recomendable que el canal ético cumpla con los mismos requisitos que se exigen al canal de denuncias en materia de anonimato y confidencialidad, tener un responsable de gestión del canal y contar con un protocolo y un procedimiento de denuncia, entre otros.

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La importancia del canal ético en las empresas

El canal ético en las empresas contribuye a detectar y prevenir conductas y comportamientos no deseados, que van en contra de los valores de la empresa y de su código ético. Su implantación puede ayudar a evitar que determinadas conductas irregulares acaben convirtiéndose en algo más grave y que puedan derivar en la comisión de un delito con consecuencias penales para la empresa.

Así mismo, para aquellas empresas que no están obligadas a tener implantado un canal de denuncias, tener en su lugar un canal ético puede ser prueba de su compromiso con la ética y la transparencia, así como con la cultura del cumplimiento normativo. Además, la presencia de un canal ético (siempre que sea efectivo y eficiente y se actúe con diligencia ante las notificaciones o informaciones recibidas) ayuda a la empresa a generar una reputación e imagen positiva, tanto de cara al exterior como hacia los propios empleados.

En esa línea, la existencia de un canal ético puede convertirse en una herramienta para fomentar la ética y las buenas prácticas entre la plantilla, evitando que sus miembros cometan irregularidades (bien por desconocimiento o bien intencionalmente) y logrando un mejor clima laboral.

Prueba de la importancia del canal ético en las empresas es que muchas de las grandes compañías ya disponían de esta herramienta antes de la publicación y entrada en vigor de la Directiva Whistleblowing, que no ha hecho más que reforzar el papel clave que tienen los sistemas internos de información a la hora de prevenir irregularidades administrativas o penales y lograr empresas y entidades públicas más éticas y transparentes.

En definitiva, si tu empresa está obligada a cumplir con la Directiva Whistleblowing, pero ya tiene un canal ético, solo tendrás que hacer «público» este canal de denuncias (por ejemplo, habilitándolo en la página web de la empresa), para que puedan usarlo otras personas que tengan o hayan tenido alguna relación con tu empresa, y asegurarte de que cumple con los requisitos de la normativa.