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La gestión de derechos digitales (DRM)

Una de las soluciones para proteger los derechos de autor en los contenidos digitales, es la denominada gestión de derechos digitales o DRM (Digital Rights Management); en este artículo veremos en qué consiste, cuál es su finalidad y cómo se implementa.

¿Qué es la gestión de derechos digitales (DRM)?

La gestión de derechos digitales (DRM) es una forma o solución para proteger los derechos de autor en los contenidos digitales. A través del DRM, el propietario o titular de los derechos de autor puede determinar unas «normas» para el uso y disfrute de un producto digital por parte de los usuarios que lo han adquirido.

Un sistema de gestión de derechos digitales es una solución de software o hardware que se emplea especialmente en libros electrónicos, música, productos audiovisuales en DVD o Blu-ray y software patentado (concretamente, videojuegos). A través de su implantación, se busca principalmente evitar la piratería de contenidos digitales, estableciendo una serie de restricciones digitales en función de unas normas definidas por el titular de los derechos de autor (sea este el propio autor o a quien haya cedido los derechos de explotación).

El DRM fue aprobado por la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) en 1996 y la UE lo adoptó a través de la Directiva 2001/29/CE Derechos de Autor en Internet.

La gestión de los derechos digitales, en el sentido de proteger la propiedad intelectual en Internet, está contemplada dentro de los llamados Derechos Digitales y son varios los países que lo contemplan dentro de su legislación, como es el caso de la Ley de Propiedad Intelectual en España, que engloba también la protección de derechos de autor en el ámbito digital, y el Código Penal, que contempla penas para quienes distribuyan o divulguen contenidos digitales sin autorización de sus titulares.

¿Para qué sirve el DRM?

A través del procedimiento de registro de la propiedad intelectual, los autores de contenido obtienen una mayor protección sobre sus derechos de autor (aunque en España la ley reconoce los derechos de autor desde el mismo momento de la creación de la obra y no es necesario, en un principio, registrarlos, siempre se recomienda hacerlo), sin embargo, los soportes y dispositivos digitales, así como la difusión por Internet, hacen más complicado proteger dichos derechos.

La gestión de derechos digitales tiene como objetivo proteger la propiedad intelectual poniendo trabas a quienes quieren copiar y difundir contenidos digitales sin el permiso de sus autores, es decir, luchar contra la piratería.

Puesto que el DRM sirve para evitar que se copie, modifique, mejore, repare o distribuya un contenido digital sin el consentimiento o autorización del titular de los derechos de autor.

Aunque cabe señalar que evitar delitos contra la propiedad intelectual no es el único uso que se puede hacer del DRM, ya que también se puede emplear para la protección de información confidencial (ya que a través del sistema se puede limitar el acceso a un determinado archivo y controlar quién y cuándo se accede a él) o para garantizar que el contenido o producto se ofrece inalterado y con las funciones originales previstas.

Además de estos usos lícitos, los titulares de los derechos también pueden emplear estos sistemas de gestión de derechos digitales para usos que en ocasiones pueden rozar el abuso, como por ejemplo, limitar la reproducción del contenido en un dispositivo determinado, obligar a usar determinados productos compatibles entre sí, limitar el número de reproducciones, etc.

¿Cómo funciona la gestión de derechos digitales?

En general, los sistemas de gestión de derechos digitales emplean el cifrado del contenido para evitar que se hagan usos no autorizados del mismo, como puede ser copiarlo, difundirlo de forma pública, imprimirlo, hacer capturas de pantalla, bloquearlo en regiones diferentes, etc.

De esta manera, solo se puede acceder al contenido cuando se posee la clave de descifrado, que suele estar incluida en el dispositivo de reproducción o sistema empleado para acceder al contenido.

Como veremos en el punto siguiente, existen diferentes métodos para implementar el DRM en los productos digitales, dependiendo de la intención y restricciones que quieran poner los titulares de los derechos de autor. En cualquier caso, los sistemas de DRM, se basen en software o hardware, funcionan restringiendo ciertas acciones basándose en el cifrado y las normas establecidas para el descifrado. Por ejemplo, el DRM de un libro electrónico puede limitar el número de descargas disponibles para su comprador.

¿Cómo se implementa la tecnología de gestión de derechos digitales?

La gestión de derechos digitales es un procedimiento proactivo, es decir, se trata de un sistema que crea barreras para evitar que se pueda copiar, modificar o distribuir el contenido digital que protegen.

Esas barreras pueden se basan en soluciones de software o de hardware y existen diferentes métodos y enfoques, puesto que cada compañía interesada en proteger su propiedad intelectual recurre a diferentes mecanismos para ello. Pero en general, la mayoría de ellos comparten las siguientes características:

  • Pueden detectar quién accede al producto digital, cuándo lo hace, en qué condiciones y mediante qué dispositivo, informando a su vez al poseedor del copyright.
  • Autorizan el acceso al contenido mediante un sistema de licencia o autenticación de usuario.
  • Cifran el contenido limitando o se colocan marcas de agua digitales, lo que hace que solo se pueda acceder al contenido cuando se tiene la clave de descifrado, que pueda estar incluida en el hardware empleado para reproducir el contenido.

Ejemplos de DRM

Son ejemplos de DRM FairPlay, un sistema de cifrado empleado por Apple que solo permite reproducir el contenido comprado en sus tiendas en dispositivos iOS. El AACS (Advanced Access Content System) empleado en los DVD-HD y los Blu-ray. Los dispositivos Kindle de Amazon, que impiden reproducir archivos EPUB con DRM o, si no se dispone de un programa para ello, convertirlos a MOBI (que es el archivo que leen los Kindle). También se basan en sistema de DRM aquellos contenidos que, para poder reproducirlos, nos exigen estar conectados a Internet (puesto que la comprobación de la licencia se hace online).

DRM: partidarios y detractores

La gestión de los derechos y obligaciones digitales son dos conceptos que van de la mano; como usuarios y consumidores adquirimos una serie de derechos sobre el producto adquirido (poder reproducirlo tantas veces como queramos, por ejemplo), así como obligaciones (como es no distribuirlo con fines comerciales). Sin embargo, la intangibilidad de los productos digitales hace complicado controlar la gestión de estos derechos y obligaciones, por lo que los sistemas de gestión de derechos digitales buscan facilitar dichas tareas.

Pagar para adquirir un contenido digital nos convierte en poseedor del producto en sí, pero no en titulares de sus derechos (lo mismo que ocurre con un libro, por ejemplo), lo que implica que no podemos usarlo fuera de las condiciones establecidas por los titulares de dichos derechos. El DRM se ocupa de evitar que hagamos esos usos indebidos, a veces poniendo trabas que establecen límites que van mucho más allá de la ley.

Por ejemplo, si yo compro un libro o una película en Blu-ray, puedo prestarlo o incluso venderlo de segunda mano. Sin embargo, el DRM en los productos digitales dificulta o simplemente hace imposible esto, algo que no está prohibido por las leyes. Además, como vimos más arriba, el DRM puede aplicarse con fines menos éticos, como es obligar a los usuarios a comprar determinados dispositivos o accesorios para poder reproducir los contenidos o usar determinados productos.

Esto ha llevado a que, desde su nacimiento, la gestión de derechos digitales haya tenido tanto partidarios como detractores. Los primeros lo ven como una forma de garantizar la protección de la propiedad intelectual, de que los titulares de los derechos de autor y los autores sigan pudiendo percibir una compensación económica por su trabajo, evitando que circulen copias no autorizadas, de las que otros pueden sacar provecho comercial (por ejemplo, las páginas de series y películas pirateadas reciben ingresos de la publicidad que tienen colocada en ellas).

Sus defensores también argumentan que el DRM educa a los usuarios en cuanto al respeto a los derechos de autor, ya que incluyen información sobre lo que puede y no puede hacerse con el contenido adquirido. Y que también ayuda a evitar determinados plagios, especialmente dentro del mundo académico.

Por su parte, los detractores argumentan que el DRM presupone que todos los usuarios son culpables de delitos contra la propiedad intelectual, puesto que es una medida de seguridad que se coloca con carácter preventivo en los productos digitales y ciertos dispositivos digitales, limitando acciones que no son ilegales, como la copia privada (a modo de back-up), el préstamo o la venta de segunda mano.

Para algunos detractores, además, estos sistemas de gestión de derechos digitales no tienen como objetivo proteger la propiedad intelectual, sino evitar que los usuarios posean realmente algo que han comprado, limitando estrictamente dónde pueden reproducir el contenido o cuántas veces pueden descargarlo o impidiendo que puedan prestarlo o venderlo de segunda mano.

En definitiva, la gestión de derechos digitales es necesaria para garantizar la protección de la propiedad intelectual y evitar la difusión no autorizada de contenidos digitales, pero la forma en que algunos sistemas DRM funcionan, ha hecho que sean polémicos y limiten usos que en productos físicos no lo están (como el préstamo), lo que ha llevado a que diferentes editoras y productoras publiquen contenidos sin DRM, recurriendo a otros medios para proteger su propiedad intelectual y garantizar la compensación económica de los autores.