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Igualdad

¿Cómo incluir la perspectiva de género en un proyecto?

Los proyectos, provengan de un organismo público o de una entidad privada, tienen como objetivo solucionar o mejorar una determinada situación, problema o carencia, para mejorar la vida de las personas. Para evitar que estas iniciativas generen posibles discriminaciones o situaciones de desigualdad, es necesario aplicar en ellos la perspectiva de género. En este artículo explicaremos cómo incluir la perspectiva de género en un proyecto.

La perspectiva de género en las diferentes fases de un proyecto

Un proyecto es el diseño y puesta en marcha de una idea, plan o estrategia para mejorar o solucionar una problemática que afecta a uno o varios grupos de una comunidad. Por norma general, se divide en cuatro fases interrelacionadas entre sí: Diagnóstico, Planificación, Ejecución y Evaluación; la perspectiva de género debe afectar a todas las fases, puesto que no hablamos de un componente, sino de un proceso transversal.

Incluir la perspectiva de género en un proyecto permite cubrir las necesidades de mujeres y hombres, entendiendo que pueden comenzar desde un punto de partida diferente y evitando reproducir las situaciones de desigualdad o discriminaciones previas o que provocar nuevas. La perspectiva de género sirve para entender que en muchas ocasiones mujeres y hombres no comparten el mismo punto de partida, no tienen el mismo nivel de acceso a determinados recursos o sus necesidades no son exactamente las mismas, de manera que su aplicación en todas las fases del proyecto contribuye a detectar posibles problemáticas y evitarlas.

Por ello, donde es más habitual encontrar aplicada esta perspectiva de género es en los proyectos de intervención social, sin embargo, debería (y puede) incluirse en diversos tipos de proyectos, para así lograr que una vez en marcha, estos no generen nuevas situaciones de desigualdad. Una acción, programa o política puede ser en principio neutra en cuanto a género, pero en la práctica generar desigualdad de forma no intencional. La perspectiva o enfoque de género contribuirá a evitar esta problemática.

Por ejemplo, para poder crear medidas o acciones que contribuyan a reducir la brecha salarial, como puede ser la auditoría retributiva, es necesario hacer una valoración de puestos de trabajo en igualdad, lo que implica aplicar la perspectiva de género en dicha valoración, de manera que afloren desigualdades que de otra forma no lo harían.

Los planes de igualdad en las empresas, como proyectos para alcanzar la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en ellas, son otro ejemplo de proyecto donde es necesario aplicar la perspectiva de género, puesto que es la única forma de detectar problemáticas vinculadas a la discriminación por razón de género y a los estereotipos de género, que son causa de las desigualdades en el ámbito laboral.

A continuación veremos cómo aplicar la perspectiva de género en las diferentes fases de un proyecto.

Plan de Igualdad para empresas

En la fase de diagnóstico

En la fase de diagnóstico de un proyecto se identifica la situación o problema que se quiere cambiar, para lo que es necesario recabar toda la información posible sobre la situación de partida, de manera que permita entender las causas del problema y los efectos que tienen sobre la comunidad.

La perspectiva de género se incorpora a la fase de diagnóstico al considerar cómo afecta el problema o situación a hombres y mujeres y cuáles son las necesidades de cada uno de estos grupos. Por lo tanto, entre los indicadores y datos a recoger debe incluirse la variable de género, además de criterios de análisis que reflejen las relaciones sociales de género establecidas entre los hombres y mujeres de la comunidad.

Así, los datos cuantitativos y cualitativos se recogerán desagregados por género y atendiendo también a otros tipos de diversidad (como puede ser la etnia, la clase social, etc.). Además, no solo se centrarán en el problema o situación a tratar, sino que también se recabarán datos relativos al contexto de los individuos (empleo, educación, acceso a recursos, etc.).

Desagregar los datos por género en esta fase permitirá identificar las diferencias de género y analizar las causas de esas diferencias.

Este análisis dará como resultado un informe de impacto de género que recogerá los roles de género (los papeles que desempeñan hombres y mujeres dentro de la comunidad), las necesidades de género (son las prioridades e intereses de mujeres y hombres) y acceso a recursos (permite valorar si hombres y mujeres acceden a los recursos en igualdad de condiciones o no) y que servirá para diseñar las medidas, acciones o políticas que será necesario implementar para acabar con una situación de desigualdad o mejorar una problemática existente sin generar problemas de discriminación o desigualdad.

En la fase de planificación

La fase planificación, como hemos visto ya, se basa en el informe de diagnóstico y en ella se planifican las acciones, medidas o políticas que se pondrán en marcha para alcanzar los objetivos propuestos en el proyecto. Estas acciones, medidas o políticas deben diseñarse desde la perspectiva de género también, sopesando las diferencias entre las mujeres y hombres a quiénes van dirigidas.

La planificación de cualquier proyecto se divide en los siguientes apartados:

  • Presentación del problema/situación y justificación del proyecto
  • Objetivo general del proyecto
  • Objetivos específicos
  • Personas beneficiarias
  • Metodología (acciones, medidas o estrategias que se emplearán para conseguir los resultados propuestos)
  • Calendario o programación temporal de las acciones
  • Recursos

Para la presentación del proyecto y elaborar toda la documentación del mismo, se recurrirá a una comunicación con perspectiva de género, en la que se cuidará el lenguaje, que será inclusivo o neutro al género, y se tratará de evitar sesgos y estereotipos de género.

En la fase de ejecución

Diseñado el plan de actuación del proyecto, la siguiente fase es la de ejecución de las medidas y acciones planteadas para lograr los cambios y resultados que se plantearon en la fase de diagnóstico, es decir, conseguir solucionar la problemática o mejorar la situación desde la que se partía.

Puesto que la perspectiva de género se viene aplicando desde la fase de diagnóstico, en la ejecución de las medidas y/o acciones estará presente, si bien es necesario mantener la atención y comprobar que el impacto del desarrollo del proyecto genera los resultados esperados y no crea nuevas situaciones de desigualdad o sigue reproduciendo las existentes, en cuyo caso, sería necesario evaluar e identificar las causas de las mismas y proponer las medidas correctoras pertinentes.

Las medidas y acciones deberán llevar un seguimiento y evaluaciones intermedias, en las que se aplicará la perspectiva de género, recurriendo a herramientas de análisis de género para comprobar si el nivel de impacto de estas medidas y acciones en los diferentes grupos y si se están consiguiendo los resultados deseados.

Es importante que el equipo encargado del seguimiento del proyecto cuente con los conocimientos sobre igualdad de género y herramientas necesarias para evaluar el recorrido del proyecto aplicando la perspectiva de género, de otra forma, podrían pasarse por alto situaciones o problemas capaces de generar o mantener la situación o problema de desigualdad existente.

perspectiva de género en un proyecto

En la fase de evaluación

Finalmente, el proyecto «concluye» con la fase de evaluación, dónde se comprueba si han alcanzado los objetivos previstos, se ha seguido la metodología planteada, realizado las acciones o implementados las medidas programadas en tiempo y forma, y cómo se han gestionado los recursos.

La evaluación deberá analizar el impacto de acciones y medidas en función del género, comprobando los efectos que los resultados del proyecto han tenido sobre mujeres y hombres; ¿ha contribuido a mejorar una situación de desigualdad?, ¿ha reducido desigualdades existentes?, ¿ha acabado que una situación de discriminación?, etc.

En la evaluación tendremos que identificar qué aspectos es necesario evaluar, qué indicadores se emplearán para ello, las personas a evaluar (gestores del proyecto, destinatarios, beneficiarios, instituciones, etc.), los plazos de evaluación y registrar y documentarlo.

Aplicaremos la perspectiva de género en la evaluación al tener en cuenta las diferencias entre mujeres y hombres dentro del ámbito de actuación del proyecto y al comprobar si el desarrollo del proyecto ha contribuido a eliminar desigualdades entre estos o, por el contrario, ha generado otras.

¿Por qué incorporar la perspectiva de género en un proyecto?

Incorporar la perspectiva de género a un proyecto genera los siguientes beneficios:

  • Permite identificar un problema real y relevante para la comunidad, pero lo que es más importante, permite ver cómo perciben dicho problema las mujeres y los hombres de forma diferencia.
  • Lo que a su vez permite proponer objetivos para trabajar la igualdad de género dentro del proyecto, asegurando que las diferentes necesidades de hombres y mujeres se verán cubiertas.
  • Evita, llevando el control y seguimiento adecuados, que se reproduzcan situaciones de desigualdad o discriminaciones ya existentes o se generan otras nuevas.
  • Puede aplicarse sobre cualquier tipo de proyecto o iniciativa desde su primera fase desarrollo, de manera que tenga como base la igualdad entre mujeres y hombres, comprendiendo que el punto de partida y las necesidades no son las mismas para ambos.

Ejemplos de proyectos con perspectiva de género

Existen numerosos ejemplos de proyectos con perspectiva de género llevados a cabo por empresas de todos los sectores, organismos públicos, asociaciones o instituciones educativas, entre otros. A continuación vemos alguno de ellos.

La Fundación Mujeres tiene en marcha un proyecto llamado “No es cuestión de números sino de IGUALDAD: La perspectiva de género en proyectos sociales”. Se trata de un proyecto en el que se trata de concienciar a alumnos y profesores sobre la importancia de fomentar la igualdad de género. Se desarrolla en base a tres pilares. Uno, el fortalecimiento institucional. Dos, el fortalecimiento de las capacidades del grupo de población participante en el proyecto. Y tres, la creación de contenidos, metodologías y herramientas.

Otro ejemplo de proyecto con perspectiva de género es el que ha llevado a cabo en Andalucía el Grupo Scout Los Olivos 415, llamado “Jornadas de juegos educativos”. En él se han organizado una serie de jornadas lúdicas con el objetivo de tratar temas como la brecha de género, la igualdad, el empoderamiento o la visibilización de la mujer.

Otro ejemplo sería el Proyecto empoderamiento de las mujeres en situación de exclusión social, llevado a cabo en el País Vasco por la Asociación Bizitegi en colaboración con la Asociación de mujeres de Uribarri y la agrupación Andre Ta Jabe en los barrios de Uribarri, Rekalde y Otxarkoaga. Se trata de un proyecto que dio comienzo en el año 2013 y cuyo objetivo es fomentar la igualdad y la lucha contra la violencia de género desde la perspectiva del empoderamiento de la mujer.

El Instituto de la Mujer y el Ministerio de Igualdad también han puesto en marcha un proyecto para fomentar la igualdad entre mujeres y hombres dentro del ámbito educativo. Dicho proyecto se divide en cuatro fases: diagnóstico de la situación actual, diseño de modelos de intervención (que incluye un decálogo de buenas prácticas en el aula), evaluación y divulgación de los resultados.

Estos son solo algunos ejemplos de proyectos con perspectiva de género, pero cabe decir que cada vez son más frecuentes ya que las empresas e instituciones poco a poco se están concienciando de la necesidad de incluir este enfoque en sus actividades.

Conclusiones

En definitiva, la perspectiva de género aplicada a los proyectos en todas sus fases es la forma de evitar que nuevas políticas, medidas, normas, leyes, iniciativas, etc., perpetúen y repliquen situaciones de desigualdad o generan otras nuevas (como las que podemos ver en estos ejemplos de desigualdad de género).

Además, como hemos dicho a lo largo de este artículo, se puede aplicar en diferentes proyectos y ámbitos, como perspectiva de género y salud, perspectiva de género y comunicación, perspectiva de género y políticas públicas o perspectiva de género y empresa, por citar algunos.

Al final, se trata de tener presente que hombres y mujeres no tienen por qué compartir las mismas necesidades, percibir los problemas de la misma forma o partir desde un mismo punto de partida.

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