Conoce Atico34 - Solicita presupuesto
GlosarioNuevas tecnologias

Neurodatos: Un nuevo desafío para la protección de datos

Vivimos un momento en el que algunos desarrollos tecnológicos, especialmente aquellos vinculados a la IA, parecen haberse acelerado y acercarnos más a ese futuro reflejado en la ciencia ficción. Entre esos avances también se encuentran los de la neurotecnología, que, junto a la IA, permite «conectar» nuestros cerebros a dispositivos electrónicos e incluso a la Red con diferentes fines. De esas conexiones se obtienen los denominados neurodatos, que traen consigo nuevos desafíos para la privacidad y la protección de datos.

En este artículo explicamos qué son los neurodatos y analizamos su relevancia para el futuro de la protección de datos y la privacidad de las personas.

¿Qué son los neurodatos?

Los neurodatos son datos generados por el cerebro; se trata de ondas cerebrales, captadas, medidas y registradas gracias al empleo de la neurotecnología y las interfaces cerebro-computador (BCI por sus siglas en inglés). Una vez registradas por la BCI, las ondas cerebrales son procesadas y decodificadas para obtener datos fisiológicos, que mediante el uso de IA, permiten inferir y revelar información asociada a pensamientos, sentimientos o estados de salud de las personas.

Aunque pueda sonar a ciencia ficción, lo cierto es que la neurotecnología ha avanzado mucho en los últimos años, gracias, también, al desarrollo de diferentes tipos de inteligencia artificial.

Si en un principio las BCI comenzaron a usarse en el ámbito médico, para ayudar a personas con problemas neurológicos relacionados con la movilidad y el habla (es posible que recordéis noticias relacionadas con prótesis de extremidades que el paciente es capaz de mover con el pensamiento gracias a una BCI o la más reciente noticia de una IA capaz de «leer» el pensamiento), poco a poco estas interfaces neuronales han empezado a llegar al mercado de la mano de diferentes compañías (como Meta, Apple o Samsung) con diferentes usos.

Desde la seguridad y la autenticación, pasando por la ingeniería militar, hasta el ocio y el entretenimiento, las aplicaciones de las BCI parecen tener un futuro prometedor, basado en esa aparente necesidad de las personas de vivir experiencias más inmersivas desde la comodidad de su salón. No en vano, uno de los ámbitos en los que se está desarrollando esta tecnología es el de los videojuegos, así como su uso en el metaverso, donde nuestro avatar podría reflejar nuestro estado de ánimo y nuestras expresiones y el medio adaptarse a ellos, para ofrecer una experiencia completa, que nos haga sentir que estamos realmente ahí.

Para lograr todo esto, las interfaces neuronales registran, miden y procesan las ondas cerebrales de las personas conectadas a ellas y la IA se encarga de traducirlas a esos neurodatos que se emplean para permitir la interacción entre el mundo físico y el virtual, a través de predicciones e inferencias extraídas de la información obtenida.

¿Son los neurodatos datos personales?

Los neurodatos son datos personales, ya que entran dentro de la definición que de datos personales hace el RGPD (art. 4). Además, la información cerebral es única y personal, y sus características particulares, determinadas por factores genéticos, biológicos, no genéticos y ambientales, permiten identificar a una persona a través de su anatomía cerebral, algo que podría usarse, por ejemplo, en la autenticación biométrica.

Así mismo, los neurodatos, en conjunto con el uso de la IA, pueden usarse para inferir y revelar información de las personas, que incluso puede no ser conocida por estas, utilizándose con fines predictivos o de perfilado. Más allá de su uso para la predicción del padecimiento de determinadas enfermedades, pueden usarse también para predecir comportamientos y características de la personalidad y, en ese sentido, incluso podríamos considerarlos datos de categorías especiales, puesto que no son muy diferentes a los datos genéticos o biométricos usados para identificar personas.

Nuestros recuerdos, pensamientos y sentimientos son, quizás, la información más íntima y privada que tenemos, que estos puedan registrarse, procesarse e interpretarse para predecir comportamientos, enfermedades o interactuar con un medio virtual, los convierte en datos personales que, en muchos casos serán considerados datos de categorías especiales.

Pero además, y esto nos lleva ya al siguiente epígrafe por los riesgos que implica para la libertad de pensamiento y otros derechos fundamentales, la neurotecnología puede usarse no solo para interpretar la información cerebral, sino también para alterar la actividad cerebral a través estímulos neurológicos, que podrían modificar el comportamiento de las personas a corto y largo plazo.

neurodatos

Privacidad y protección de datos personales para neurodatos y neurotecnología

Los neurodatos y la neurotecnología tienen un enorme potencial para afectar y suponer un riesgo no solo para la privacidad de las personas, su privacidad digital y, como hemos dicho, varios de sus derechos fundamentales (desde la libertad de pensamiento, la no discriminación, hasta la integridad corporal y de la personalidad), por lo que se hace necesario regular su uso para evitar futuros abusos.

En parte, el RGPD cubre ya parte de esa regulación, puesto que al ser datos personales, el uso y tratamiento de neurodatos implica cumplir con las obligaciones establecidas en la normativa europea, complementada en España por la LOPDGDD, y aplicar medidas para garantizar la privacidad desde el diseño o realizar una evaluación de impacto en tratamiento de datos personales, entre otras medidas para garantizar tanto la confidencialidad como la seguridad de los datos. Recordemos que hablamos de características fisiológicas únicas y de pensamientos y sentimientos que pueden emplearse para diversos fines.

Además, su uso, en el caso de que ser considerados datos de categorías especiales, estaría supeditado a que se diese alguna de las condiciones del artículo 9, como el consentimiento expreso de los interesados, y a la concurrencia de una base legitimadora del artículo 6.

Sin embargo, el RGPD y la LOPDGDD pueden quedarse cortos a la hora de regular el uso de los neurodatos, especialmente porque la neurotecnología, junto a la IA, avanzan más rápido que las leyes y se pueden crear vacíos legales como los que ya estamos viendo respecto al empleo de la inteligencia artificial generativa y los conflictos no solo con la protección de datos (como los puestos de manifiesto por la autoridad de control italiana respecto a ChatGPT), sino también con la propiedad intelectual y los derechos de autor.

Es evidente que la neurotecnología y la IA pueden aportar grandes beneficios a la humanidad, pero también entrañan grandes riesgos, que requieren de una regulación para prevenir abusos y malos usos de estas tecnologías y protegernos ante actores menos éticos, así como del posible impacto que determinadas aplicaciones de estas tecnologías pueden tener en la sociedad y en los ya citados derechos fundamentales (aunque más relacionado con el genoma humano y la selección genética, la película Gattaca puede servirnos de ejemplo para ver cómo la tecnología y el conocimiento predictivo que esta brinda, puede llevar a la discriminación laboral de las personas).

Aunque los escenarios en los que se puedan leer los pensamientos de las personas y manipular sus mentes pueden estar aún lejos, lo cierto es que la posibilidad está ahí (de la misma manera que la posibilidad de que una IA escriba textos cada vez más cercanos al lenguaje natural es prácticamente una realidad). Y más cerca aún están los sesgos de los que adolecen las IA actuales y que pueden conducir a la discriminación.

Las BCI ya se están usando fuera del ámbito de la salud y si ya usamos smartwatches y otros dispositivos que registran nuestros datos biológicos, el paso a usar esas futuras interfaces neuronales para interactuar con el metaverso o los videojuegos no está tan lejos (ya podemos hablar de trajes hápticos que, junto al empleo de sensores, y la realidad virtual permiten a las personas experimentar de forma más inmersiva un juego).

Por todo ello, regular no solo en el ámbito de la inteligencia artificial y la protección de datos, sino también en lo relativo a los neuroderechos y la privacidad y protección de los neurodatos es una tarea que los Gobiernos deben abordar (la UE se encuentra inmersa en la elaboración de un reglamento para regular la IA, mientras Chile se ha convertido el primer país en tratar de regular los neuroderechos).

Sin embargo, como suele ocurrir siempre en este ámbito, el desarrollo tecnológico va más rápido que el legislador y aunque el RGPD es lo suficientemente amplio para abarcar los neurodatos, cómo decíamos, no es suficiente para regular muchos de los usos que están en desarrollo o por llegar.