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Riesgos de la Digitalización de las aulas para la protección de datos

El ámbito educativo ha experimentado, y aún sigue haciéndolo, una profunda transformación digital que va más allá de usar el ordenador o la tablet en clase. Las nuevas tecnologías han propiciado la digitalización de las aulas, donde dispositivos digitales y programas para la educación se usan a diario, lo que conlleva una serie de riesgos y desafíos para la privacidad de los alumnos. En este artículo profundizamos en los riesgos para la protección de datos que supone la digitalización en los colegios.

¿Qué es la digitalización de las aulas?

La digitalización de las aulas es la incorporación de tecnologías y herramientas digitales en los centros educativos con el objetivo de mejorar la enseñanza y el aprendizaje.

Esta transformación digital incluye el uso de plataformas en línea, como Google Workspace for Education, Microsoft 365 Education o Moodle, herramientas de videoconferencia, aplicaciones interactivas, como Kahoot! o Socrative, recursos digitales, como libros interactivos, y sistemas de gestión educativa en general, que permiten a los docentes interactuar con los alumnos y, en ocasiones, con sus tutores legales, de nuevas maneras. Y sin olvidar el mayor peso y presencia que está adquiriendo la inteligencia artificial también en el ámbito educativo, como el uso de asistentes virtuales para ayudar al estudiante (si bien, el Reglamento de IA regula el uso de esta tecnología en este ámbito).

El uso de estas herramientas digitales conlleva, no obstante, la recopilación de datos personales de los alumnos cuando estos interactúan con ellas, un tratamiento de datos que puede no contar con las medidas de protección de datos adecuadas y suficientes y que puede acabar entrañando riesgos para la privacidad del alumnado y sus familias.

Por ese motivo, la ley de protección de datos en centros educativos debe aplicarse siempre que se vayan a utilizar este tipo de herramientas digitales, especialmente en lo que se refiere a consentimiento, transparencia, control de acceso a los datos y diligencia debida en cuanto a los proveedores.

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¿Cuáles son los riesgos de la digitalización de las aulas para la protección de datos?

Los riesgos para la privacidad y seguridad de la información de la digitalización de las aulas son varios, muchos de ellos derivados de la falta de formación en protección de datos y ciberseguridad de docentes y alumnos (por ejemplo, qué requisitos hay que cumplir para poder grabar clases presenciales en el colegio), pero también de herramientas que no cumplen adecuadamente con la normativa de protección de datos.

A continuación, repasamos los 9 principales riesgos de la digitalización de la educación para la protección de datos.

Exposición de la información personal y académica

La recopilación y tratamiento de datos personales de los alumnos es un proceso habitual, y necesario, en los centros educativos, que están legitimados para realizar estos tratamientos. Sin embargo, la progresiva digitalización de los centros y de las clases, ha propiciado que esa información personal pase a estar almacenada en soportes digitales y, a veces, en servicios en la nube. Esto aumenta el riesgo de exposición accidental o acceso no autorizado; datos como nombre, dirección, historial académico e incluso detalles sobre la salud de los menores, pueden ser vulnerables si los soportes o plataformas digitales usados no cuentan con medidas de seguridad adecuadas.

El acceso y exposición de esta información no solo compromete la privacidad de los menores, sino que también puede tener consecuencias directas para su seguridad. En manos equivocadas, los datos personales pueden ser utilizados para suplantación de identidad o incluso para contactar de manera inapropiada con los menores, aumentando su vulnerabilidad. En casos más graves, la divulgación de información sensible puede conducir a situaciones de acoso en las redes sociales o incluso amenazas físicas, dependiendo de la naturaleza y cantidad de datos expuestos.

Uso de herramientas de terceros sin el adecuado control

La digitalización en los colegios, cómo hemos visto, se apoya en plataformas y herramientas de terceros que, aunque en algunos casos han hecho cambios para cumplir con la normativa de protección de datos, no siempre la cumplen en su totalidad o quedan lagunas que pueden suponer un riesgo para la privacidad del alumnado y sus familias, así como de los propios docentes.

A veces, incluso se utilizan herramientas que no están diseñadas específicamente para el entorno educativo (a diferencia de otras que se crearon específicamente para ello, como puede ser el caso de la videoconferencia con Moodle para impartir clases a distancia). Esto incrementa la posibilidad de que se produzcan violaciones de datos. Las políticas de privacidad de muchas plataformas no especifican con claridad quién tiene acceso a los datos y bajo qué condiciones, lo que hace que los menores queden desprotegidos frente a potenciales brechas de seguridad.

Así mismo, incluso plataformas que sí están diseñadas para el sector educativo, pueden presentar riesgos si no se evalúa de forma adecuada su política de privacidad o no se configuran las opciones necesarias para proteger la privacidad.

Esto genera riesgos significativos, como la transferencia de datos personales a servidores ubicados fuera de la Unión Europea, donde las leyes de protección de datos no ofrecen las mismas garantías. También puede permitir que las plataformas utilicen los datos con fines comerciales o que se realicen perfiles de usuario no deseados. En algunos casos, los datos de los menores podrían incluso ser vendidos a terceros para fines publicitarios, comprometiendo su privacidad a largo plazo.

Falta de consentimiento informado

La normativa de protección de datos es clara respecto a la necesidad de contar con el consentimiento explícito de los padres o tutores legales para cualquier tratamiento de datos de menores. Sin embargo, la falta de sensibilización y conocimiento sobre estos requisitos a menudo lleva a que las plataformas educativas se implementen sin contar con la autorización adecuada. Esto es especialmente preocupante cuando se tratan datos de menores de 14 años, para los cuales la legislación es aún más estricta.

Cuando no se cuenta con el consentimiento, los padres y tutores pierden la capacidad de controlar qué información se está recopilando sobre sus hijos y para qué se está utilizando. Esto puede derivar en una pérdida de confianza en la institución educativa, así como en sanciones legales para el centro. En última instancia, los menores terminan siendo los más perjudicados, ya que sus datos pueden ser utilizados para fines no previstos o incluso compartidos con terceros sin que sus familias lo sepan.

Vulnerabilidades de plataformas de videoconferencia

Aunque las plataformas de videoconferencia han parcheado muchas de las vulnerabilidades que permitían las intrusiones de terceros en ellas (el conocido como Zoombombing), esta es una amenaza que aún sigue presente y que puede no alterar el desarrollo de la clase o exponer a los menores a contenidos inadecuados.

Así mismo, el hecho de que las plataformas permitan grabar las clases virtuales (e incluso presenciales) puede ser un riesgo cuando estas se suben y almacenan en la nube sin adoptar las correspondientes medidas de seguridad. Si estas grabaciones no se gestionan correctamente, pueden caer en manos de personas no autorizadas, exponiendo imágenes y voces de los menores. Además, el almacenamiento prolongado de este material puede ser una vulneración de su derecho a la privacidad si no se define claramente quién tiene acceso y por cuánto tiempo.

Suplantación de identidad

El entorno digital facilita que, si no se implementan mecanismos de autenticación robustos, se produzcan casos de suplantación de identidad. Un alumno podría hacerse pasar por otro, o incluso un tercero podría acceder a la plataforma educativa simulando ser un docente. Este tipo de incidentes no solo vulnera la privacidad de los afectados, sino que también puede ser utilizado para interferir en el desarrollo de las clases y obtener información confidencial.

La suplantación de identidad en entornos educativos puede ser el preludio de un comportamiento más dañino, como ciberbullying o acoso a otros alumnos.

Fuga de información en dispositivos personales

Aunque lo normal y adecuado es que en los centros educativos se faciliten los dispositivos digitales que usarán los alumnos (tablets u ordenadores), no es extraño también que se usen dispositivos personales de los alumnos o familiares para acceder a las plataformas y herramientas educativas del centro.

Esto puede suponer un riesgo para la seguridad y la privacidad de los alumnos, puesto que los dispositivos personales no siempre cuentan con las medidas de seguridad necesarias para evitar la descarga e instalación de malware, ataques de phishing o accesos no autorizados, lo que podría ocasionar fugas de información de alumnos y docentes.

Acceso inadecuado a información sensible

Los perfiles de acceso mal configurados representan un riesgo significativo para la privacidad de los menores. Si los docentes tienen acceso a datos de alumnos que no son de su clase, o si los alumnos pueden ver información confidencial de otros compañeros, se produce una grave violación del principio de necesidad y proporcionalidad. Estos fallos de configuración pueden ser aprovechados por personas con intenciones maliciosas para difundir información sensible.

En el entorno educativo, este tipo de errores puede causar una gran repercusión emocional y académica para los menores, puesto que, cómo ya dijimos más arriba, puede conducir a situaciones de acoso o ciberbullying o a generar conflictos en el aula.

Recogida y tratamiento excesivo de datos

En muchos casos, las plataformas educativas recopilan más información de la necesaria para cumplir con los fines pedagógicos. Esta recolección desmedida puede incluir datos biométricos, análisis de comportamiento y seguimiento detallado de la interacción con la plataforma, generando un exceso de datos que no se justifica con el propósito educativo.

La acumulación de datos de los estudiantes también puede ser utilizada para crear perfiles de comportamiento o rendimiento, limitando la privacidad de los menores. Si estos datos son mal gestionados, los estudiantes pueden ser clasificados y tratados de manera diferente en función de la información obtenida, afectando sus oportunidades educativas y creando un entorno de discriminación.

Falta de formación y concienciación

La digitalización en los colegios no puede ser efectiva sin una adecuada formación de los actores involucrados. Si docentes, alumnos y personal administrativo no son conscientes de los riesgos, es más probable que adopten conductas que pongan en peligro la seguridad de la información. La falta de formación y protocolos claros facilita que se produzcan errores humanos, como el uso de contraseñas débiles, compartir credenciales o utilizar herramientas no aprobadas.

Además, la falta de capacitación puede hacer que los menores no comprendan cómo proteger su privacidad en línea, exponiéndolos a riesgos como el ciberbullying o el acoso digital.

¿Cómo prevenir los riesgos de la digitalización de la educación?

Prevenir los riesgos de la digitalización de la educación requiere adoptar un enfoque integral que combine medidas técnicas, organizativas y educativas. Los centros educativos deben:

  • Implementar políticas de seguridad claras que especifiquen el uso de las tecnologías y los procedimientos para el tratamiento de datos en el centro.
  • Seleccionar plataformas y herramientas seguras, que cumplan con la ley de protección de datos en centros educativos. Esto requiere no solo leer la política de privacidad, sino comprobar que la plataforma o herramienta cumple debidamente la normativa.
  • Fomentar la educación digital de los menores, enseñándoles a proteger su privacidad digital y sus datos personales. Esta formación también puede impartirse a las familias.
  • Aplicar medidas de control de acceso y sistemas de autenticación que eviten la suplantación de identidad y los accesos no autorizados.
  • Adoptar medidas de seguridad técnicas como el cifrado de información, para evitar las fugas de datos.
  • Realizar auditorías y revisiones periódicas para identificar vulnerabilidades y corregir errores de configuración.
  • Obtener el consentimiento informado de los padres y tutores antes de usar herramientas digitales con menores, asegurando la transparencia en el tratamiento de datos.

En definitiva, evitar los riesgos de la digitalización de las aulas para la protección de datos, pasa por elegir las herramientas y plataformas que cumplan con la normativa de protección de datos, ser transparentes, adoptar medidas de seguridad técnicas y organizativas eficientes y formar y concienciar tanto a docentes, alumnos y familias sobre la importancia de la protección de datos y la seguridad de la información.

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