La ética digital surge como respuesta a los riesgos y problemas que han generado las tecnologías de la información (TIC) y las nuevas formas de comportarnos, relacionarnos y consumir en la era digital. La ética digital trata de abordar y solucionar estos riesgos y problemas para alcanzar un uso más ético y responsable de las tecnologías digitales.
En las siguientes líneas explicamos qué es y cuál es la importancia de la ética digital para nuestra privacidad.
Contenido del artículo
¿Qué es ética digital?
La ética digital es el campo de estudio que analiza los problemas que el empleo masivo de tecnologías y herramientas digitales crean para el ser humano. A través de este análisis, se persigue establecer principios, valores, deberes y derechos que guíen el comportamiento de las personas en internet y en otros entornos digitales.
La ética digital es, por lo tanto, la aplicación de los principios éticos en internet y en el uso de dispositivos digitales, constituyendo el código social que debemos adoptar para afrontar y solucionar los problemas que el uso de la Red y de las tecnologías digitales generan en diversos ámbitos.
Estos problemas de la ética en el internet son, sobre todo, pero no exclusivamente, los relativos a la propiedad intelectual, la ciberseguridad, la libertad de expresión y sus límites, la privacidad digital, la protección de nuestros datos personales, la desconexión digital, el comportamiento en redes sociales o la regulación de las grandes compañías, entre otros.
Además, estos problemas que actualmente ya plantean no solo oportunidades de negocio para los más innovadores, sino también peligros y dilemas éticos, se irán incrementando según se desarrollen nuevos avances tecnológicos y sociales en el ámbito digital, como la IA, el IoT (Internet de las cosas), la realidad virtual, el metaverso, la robótica, etc.
La sociedad actual vive una revolución que, salvando las distancias, es comparable a la que se vivió con la revolución industrial, salvo que ahora, los cambios son más rápidos (solo hay que ver los avances y cambios experimentados por la sociedad desde la invención del microchip) y los ciudadanos tenemos menos tiempo para asimilar los riesgos y peligros que implican. Como ejemplo, Google, que echó a andar en 1998, ha estado tratando millones de datos personales sin básicamente ningún control, hasta la entrada en vigor (en Europa) del RGPD. Veinte años en los que no tenemos muy claro qué ha pasado con nuestros datos.
Es aquí, en la búsqueda de soluciones para los problemas que ya genera el uso de internet y los que están por venir, donde la ética en la era digital juega y jugará un papel clave. Gracias al desarrollo y aplicación de la ética en la Red, compañías y ciudadanos pondrán en marcha ese código destinado a minimizar estos problemas y riesgos (hacerlos desaparecer, especialmente aquellos relacionados con la ciberseguridad, es prácticamente una utopía).
La importancia de la ética digital para la privacidad digital
Ética y privacidad digital son conceptos y ámbitos estrechamente ligados, porque a través de la primera se destaca la importancia de la protección de la segunda; aunque existen leyes que protegen la privacidad de las personas, el desarrollo de las TIC, la irrupción de las redes sociales y el valor cada más importante que han adquirido los datos personales, hacen necesario que individuos, organizaciones, empresas y administraciones adopten un enfoque ético sobre los límites a la invasión de la privacidad en el entorno digital. Adoptar este enfoque ayudará a cumplir con esas mismas leyes.
La importancia y el valor de los datos en la era digital, es algo que nadie pone en duda actualmente, tanto es así que leyes como el RGPD europeo han sido creados, precisamente, para que los ciudadanos tengan un mayor control sobre sus datos, a quién los ceden, bajo qué términos y para qué usos, y para que las organizaciones sean más responsables y transparentes a la hora de tratar los datos de los ciudadanos.
Hasta la entrada en vigor de las leyes de protección de datos (siendo el RGPD uno de los reglamentos más exhaustivos y limitadores) en diferentes regiones del mundo, el uso de estos por parte de compañías y otros actores digitales no tenía ningún control y la invasión de la privacidad de los usuarios era algo a lo que muy pocos daban importancia. Sin embargo, al final, las leyes han «dado alcance» (al menos en parte) al desarrollo tecnológico y han empezado a regular el acceso y el uso de los datos personales, otorgándole un mayor control a los ciudadanos (cuando estos se preocupan de ejercerlo, que no siempre es así).
Estas leyes tienen en su germen la ética y el respeto por la privacidad de los usuarios, haciendo entender a las compañías que no todo puede valer en la persecución de beneficios. Los datos personales de los usuarios no pueden usarse sin informar a estos de ello, ni venderse a terceros ni aprovecharlos para crear perfiles sin que los usuarios puedan negarse a ello, porque se produce una invasión de su privacidad de la que apenas hemos sido conscientes hasta hace relativamente poco tiempo.
La ética digital tiene como parte de sus objetivos, asegurar ese mayor control y transparencia sobre los datos que generamos los usuarios a través de nuestros hábitos de navegación y consumo digital, de nuestro comportamiento y publicaciones en redes sociales, del uso de diferentes dispositivos digitales e IoT, etc. Y de evitar que las compañías y otros actores digitales puedan explotarlos sin ningún tipo de límite o destinarlos a usos cuestionables que pueden acabar por afectar a los derechos y libertades fundamentales de las personas (como puede ocurrir con la elaboración de perfiles y los efectos discriminatorios que pueden generar).
Además, seguridad y ética en Internet también van de la mano de la privacidad, porque la adopción de medidas de seguridad por parte de las organizaciones que garanticen la protección de datos y de la privacidad, debe ir más allá del mero cumplimiento normativo. El RGPD ya establece como obligación la proactividad de las organizaciones en la protección de datos, es decir, la protección desde el diseño, previendo los riesgos que un proyecto, un tratamiento o un nuevo avance tecnológico puede implicar para la protección de datos y la privacidad de los ciudadanos.
Por lo tanto, y retomando lo expuesto en el primer párrafo de este epígrafe, las organizaciones no deben limitarse a cumplir las normas, sino que deben (y algunas ya lo hacen) adoptar un enfoque ético de su negocio y el impacto que este tiene en la sociedad y en la vida de las personas, de manera que la ética digital forme parte también de su ética empresarial.
Principios de la ética digital
De acuerdo la Declaración Digital publicada por el Foro de Davos en 2019 y firmada por 40 líderes empresariales, la ética digital y la ética del internet deben sustentarse sobre los siguientes principios:
- Participación: Todos los ciudadanos del mundo deben poder desarrollar capacidades digitales a través de la educación, de manera que nadie se quede atrás, creando nuevas desigualdades.
- Sociedad digital dinámica: Los productos y servicios digitales deben seguir innovando para poder seguir aportando beneficios a la sociedad.
- Datos y privacidad: Se debe garantizar el derecho a la privacidad de los ciudadanos al tratar o manejar sus datos de forma responsable, segura y transparente.
- Ciberseguridad: Se debe cooperar para mitigar las ciberamenazas y reforzar la seguridad de las personas en el ámbito digital (el hacking ético tiene aquí un papel importante, porque permite evaluar los sistemas de ciberseguridad y mejorarlos).
- Cooperación y diálogo: Todos los actores interesados, de cualquier lugar del mundo y sector económico o de actividad, deben cooperar y dialogar entre sí para alcanzar un mayor desarrollo del futuro digital.
La ética en el uso de datos y herramientas digitales
La ética en el uso de datos y herramientas digitales es un debate que se lleva produciendo desde hace tiempo y que lo seguirá haciendo mientras se desarrollan nuevas herramientas y soluciones digitales que procesen datos personales (lo estamos viendo actualmente con el uso y aplicaciones de inteligencia artificial y la necesidad de adoptar un enfoque ético para su autorregulación).
Dado que el desarrollo tecnológico va mucho más rápido que el desarrollo de las leyes para regular ciertos aspectos y usos relacionados con las tecnologías, la ética es clave para asegurar que compañías y ciudadanos o usuarios hacen un uso adecuado de las mismas.
Se trata de encontrar, acordar y establecer unos principios éticos para el uso de datos y herramientas digitales, como, por ejemplo, ha hecho la UE con la Ley de Gobernanza de Datos, con la que se quiere regular la circulación, intercambio y disponibilidad de datos entre actores públicos y privados para aprovechar el potencial económico y científico de los mismos, o la Ley de IA, para regular el uso de sistemas de inteligencia artificial que supongan riesgos para los derechos y libertades de los ciudadanos o que vulneren la propiedad intelectual (en parte, basada en el marco regulatorio de la IA propuesto por la UNESCO, para promover un desarrollo y uso de los sistemas de IA ético, libre de sesgos y respetuoso con la privacidad).
Las nuevas tecnologías y los avances que traen consigo pueden suponer la solución para algunos de los problemas que enfrenta actualmente la sociedad, pero también tienen el potencial de crear problemas mayores o acrecentar los que ya tenemos, cuando sus posibles usos no están limitados por un código ético (ejemplos de ello podemos encontrar en los posibles futuros que plantea la ciencia ficción, pero no hace falta usar la imaginación, cuando tenemos el ejemplo de Cambridge Analytica y cómo, a través del análisis de datos y perfiles, se pudo influenciar en las elecciones de EE. UU. a través de Facebook o, cómo las fakes news crean desinformación y conducen a generar discriminación y, en ocasiones, odio).
Las organizaciones y los gobiernos pueden y deben plantearse todos los escenarios y consecuencias posibles del uso de los avances tecnológicos, para, a través de la ética digital, poder plantear soluciones que eviten o reduzcan los malos usos y abusos que puedan entrañar dichos avances.
Por lo tanto, para que la ética digital pueda garantizar la privacidad en un futuro digitalizado, es necesario que las organizaciones sean proactivas, responsables, transparentes y apliquen un código ético que tenga en cuenta dichos valores. No deben limitarse a cumplir las leyes de privacidad que vayan entrando en vigor, sino que deben adelantarse a ellas y aplicar unos principios éticos basados en la previsión de esos escenarios que comentábamos más arriba.
En definitiva, la ética digital debe ayudar a construir entornos digitales seguros, en los que la privacidad de los usuarios sea respetada, y donde los abusos y comportamientos cuestionables que, aunque no estén considerados aún como ilícitos, no tengan cabida.
