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Educación en igualdad: Manual de buenas prácticas

En varios de los artículos sobre igualdad de género que hemos publicado en este blog, hemos mencionado la necesidad de promover y fomentar la igualdad de género desde la educación; en este artículo nos centraremos en hablar precisamente sobre la educación en igualdad de género y de su importancia para eliminar los sesgos y estereotipos de género, para acabar con la asignación de roles basados en el sexo de las personas, en propulsar un cambio cultural y social que nos acerque más a la igualdad real entre mujeres y hombres.

¿Qué se entiende por educación en igualdad?

Según el Instituto de la Mujer, por educación en igualdad se entiende «la propuesta pedagógica actual para dar respuesta la reivindicación de la igualdad realizada por la teoría feminista, que propone una reformulación del modelo de transmisión del conocimiento y de las ideas desde una perspectiva de género en los espacios de socialización destinados a la formación y el aprendizaje».

Denominada también como coeducación, la educación en igualdad es, por tanto, una propuesta metodológica de formación y educación de mujeres y hombres en las mismas condiciones y ofreciendo las mismas oportunidades y trato a ambos sexos.

Sin embargo, cuando hablamos de educación en igualdad de oportunidades, también se hace desde una perspectiva más amplia e integradora, que va más allá de la igualdad de género, abarcando la educación en la igualdad de derechos de minorías étnicas, colectivos LGTBIQ+, personas de otras nacionalidades y/o personas con discapacidad. Hablamos de educación e igualdad en un mundo plural. Además, implica que toda persona, independientemente de su sexo u origen, tenga las mismas oportunidades y acceso a la educación para poder adquirir las mismas competencias a través de ella.

Es decir, aunque en este artículo nos centraremos en la igualdad de género, la igualdad en la educación es un concepto mucho más amplio, cuyo objetivo es enseñar la importancia de valores como el respecto, la resolución de conflictos de forma pacífica, la tolerancia y el diálogo, y asegurar que todas las personas tienen las mismas oportunidades educativas.

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¿Por qué es necesaria una educación en igualdad?

Desde un punto de vista general, la educación en igualdad es necesaria porque a través de la enseñanza las personas adquieren conocimientos y se les capacita para poder encontrar oportunidades laborales en el futuro, integrarse en la sociedad y, en definitiva, poder vivir con dignidad; al menos, esa es la teoría cuando hablamos de ecuación e igualdad de oportunidades.

Cuando hablamos desde el punto de vista de la educación en igualdad de género, esta es necesaria porque cualquier sociedad en el mundo arrastra sesgos y estereotipos de género creados por una cultura patriarcal, donde la mujer ha quedado relegada a un segundo plano, donde hombres y mujeres tienen roles definidos, que determinan lo que se espera de ellos y lo que «pueden y no pueden hacer», lo que «es correcto y no» en su forma de comportarse, en los trabajos o actividades que pueden desempeñar, en el papel que deben ocupar en la esfera privada y doméstica y en la esfera pública, etc.

La educación en igualdad de género es necesaria porque es necesario erradicar esos sesgos y estereotipos de género para poder alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres. Se trata de acabar con un sexismo tradicional y comenzar desde los niveles educativos más básicos es fundamental para asentar el principio de igualdad no solo en el alumnado, sino en toda la comunidad educativa, docentes y padres incluidos.

Es crucial reconocer que existe un entorno sexista y no neutro, donde las niñas y mujeres parten desde una posición de desventaja, que es necesario equiparar y que en la escuela ese entorno se reproduce igual, por lo que debe «hacerse un esfuerzo» para crear un currículo educativo que incluya la igualdad de género (y otros valores mencionados antes) y medidas e iniciativas que la fomenten.

¿Existe desigualdad en la educación?

Podríamos decir que sobre el papel no existe desigualdad en la educación, puesto que la Constitución Española y tanto nuestro marco normativo como el marco normativo europeo penalizan cualquier tipo de discriminación basada en el sexo, la raza, la etnia, la orientación sexual, el origen social, etc. Sin embargo, la realidad, como ocurre en otros ámbitos, es diferente.

Como hemos dicho más arriba, como parte de la sociedad que es, la escuela reproduce los mismos comportamientos de esta y la sociedad es aún sexista (incluso cuando se han producido importantes avances en el camino hacia la igualdad de género); esto puede verse en la forma en que se dividen y comparten los espacios en el centro y el aula, en cómo se comportan los grupos, en las aspiraciones de chicos y chicas, en qué actividades tienen prevalencia sobre otras, en cómo se interpretan situaciones y hechos ocurridos en la sociedad, en la representación femenina en currículos como el de literatura o historia, etc.

Hay desigualdad en la educación, porque hay desigualdad en la sociedad aún.

Si nos vamos a un contexto más internacional, esa desigualdad se manifiesta en más niñas sin escolarizar que niños en el mundo (según la UNESCO, 16 millones de niñas nunca irán a la escuela) y de los 750 millones de adultos que carecen de alfabetización, dos tercios son mujeres. Evidentemente, los obstáculos que enfrentan las mujeres y las niñas en cada país para acceder a la educación son distintos y se deben a diferentes causas, aunque las principales son la pobreza, el aislamiento geográfico, el matrimonio y el embarazo precoces, la violencia de género, las actitudes tradicionales respecto al papel de la mujer o la discapacidad.

No debemos olvidar que «Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas» es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y la educación pasa por ser una de las herramientas más importantes para ello.

Buenas prácticas para educar en igualdad

Existen un gran número de buenas prácticas para educar en igualdad a las que pueden recurrir los centros de enseñanza, aunque estas no están regladas o estandarizadas en ninguna fuente, aunque sí podemos encontrar diferentes guías de buenas prácticas, como la Guía de buenas prácticas de educación en igualdad en Europa, de Plurales en el Instituto de las Mujeres. Entre esas buenas prácticas, algunos ejemplos son:

  1. Charlas, cursos y seminarios sobre igualdad de género o temas vinculados (como la prevención de la violencia de género)
  2. Campañas de sensibilización en igualdad de género y sexismo
  3. Talleres de igualdad
  4. Creación de currículos educativos desde una perspectiva de género
  5. Inclusión de objetivos de igualdad en el currículo educativo

Todas estas prácticas deben acompañarse de un proceso metodológico, es decir, que deben basarse en un proceso de diagnóstico, investigación, participación, fases de ejecución y procesos de evaluación, para poder determinar o comprobar su alcance y éxito.

En cualquier caso, se trata de ir un paso más allá y no limitarse a impartir solo lo que es la igualdad en educación para la ciudadanía (la actual asignatura de Valores Cívicos y Éticos), puesto que aquí también se tratan otros valores, además de apoyar así uno de los objetivos del Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades: «Impulsar la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en el ámbito educativo y en la investigación».

Aunque muchas de las buenas prácticas para la educación en igualdad se orientan hacia la educación básica, primaria y secundaria, la educación superior también puede beneficiarse de estas, por ejemplo, incluyendo asignaturas y materias que giren en torno la igualdad de género y la perspectiva de género dentro la carrera escogida. Al final, la igualdad es un principio que debe ser aplicado de forma transversal y trascender el marco educativo.

Cabe señalar que un primer paso para abordar la igualdad en la educación es la implantación de un plan de igualdad en educación, que promueva la igualdad de género entre todos los miembros de la comunidad del centro educativo (aparte de cumplir con la Ley de Igualdad y la obligatoriedad de tener un plan de igualdad en entidades con más de 50 personas trabajadoras).

Buenas prácticas para educar en igualdad

Beneficios de la educación en igualdad

El principal beneficio de la educación en igualdad es que tiene el potencial de ser la base para el cambio sociocultural necesario para alcanzar la igualdad de género real entre mujeres y hombres en la sociedad, desterrar el machismo y el sexismo e incluso la violencia hacia la mujer.

La educación en igualdad puede ayudar, como decíamos, a acabar con sesgos, estereotipos y roles de género, a conseguir una sociedad en la que la equidad de género logre alcanzarse, donde medidas y acciones positivas y de refuerzo ya no serían necesarias, porque mujeres y hombres tendrían las mismas oportunidades y, más importante, partirían desde un mismo punto de inicio. Puede, a largo plazo, contribuir a acabar con la brecha de género en cualquier ámbito.

Con un carácter más general y dentro de la escuela, la educación en igualdad aporta también los siguientes beneficios:

  • Educar al alumnado a relacionarse entre sí y con otros desde el respeto mutuo y la responsabilidad
  • Fomenta la participación social y económica de todas las personas, sin importar su género y origen
  • Garantiza las mismas oportunidades y derechos para todo el alumnado, ya que se atiende a su realidad y sus necesidades particulares
  • Ayuda a crear una actitud crítica ante cualquier mensaje o situación discriminatoria, convirtiendo al alumnado en los protagonistas del cambio necesario para lograr la igualdad en la sociedad

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