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Perspectiva de género en salud

La atención sanitaria todavía se caracteriza por un enfoque biológico que impide que, en muchas ocasiones, se adopte una perspectiva de género basada en cuestiones sociales, psicológicas o culturales. En este artículo vemos las principales problemáticas relacionadas con la perspectiva de género en salud, y un conjunto de buenas prácticas para garantizar una atención sociosanitaria efectiva para mujeres y hombres.

¿Cómo influye el género en la salud?

En nuestra sociedad, las mujeres se enfrentan a una serie de factores que pueden suponer un riesgo para su salud, en mayor medida de lo que lo son para los hombres.

Algunos de estos factores que influyen en la salud de la mujer son la maternidad, la precariedad laboral, las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, la brecha salarial y, en los casos más graves y dramáticos, la violencia de género o las agresiones y abusos sexuales.

Estos son solo algunos de los factores de riesgo que influyen en la salud de las mujeres. Sin embargo, hasta ahora la atención sanitaria se ha guiado por el modelo biomédico que atiende solo a las cuestiones biológicas inherentes a cada sexo, pero no valora aspectos sociales, psicológicos o culturales que también pueden influir en la salud.

En este sentido, la perspectiva de género en salud debe tener en cuenta los llamados determinantes de género en salud. Se trata de un conjunto de expectativas, normas y funciones que se generan en función del género del paciente, y que suponen factores de riesgo para la salud o que determinan los comportamientos en la promoción de la salud o las respuestas a la hora de recibir atención sanitaria.

Debido a que la atención sanitaria se sigue enfocando desde una perspectiva biológica y androcentrista, estos determinantes de género han sido frecuentemente ignorados, y la atención a la salud de las mujeres se ha limitado al estudio de la salud reproductiva o de algunos programas concretos y limitados de atención a la mujer.

En definitiva, la ausencia de una perspectiva de género integral en la salud y la ausencia de transversalidad de género ha provocado que los problemas y riesgos sociales, psicológicos o culturales asociados a las mujeres y que puedan afectar a su salud, sean ignorados con frecuencia y que, por tanto, sus necesidades no hayan sido comprendidas.

Factores que dificultan la adopción de la perspectiva de género en salud

La ausencia de una perspectiva de género en la salud ha estado marcada por una serie de factores que limitan o dirigen el enfoque de la atención sanitaria. A continuación nos detenemos en algunos de estos factores y su influencia en la adopción de la perspectiva de género en salud.

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Sobrecarga de trabajo del personal sanitario

Los profesionales sanitarios se enfrentan a problemáticas como la precarización, la falta de tiempo, la ausencia de recursos o la sobrecarga de trabajo, los cuales obligan a tratar cada caso de forma individual, y limitan la capacidad de los profesionales médicos para abordar los problemas desde una perspectiva estructural y global.

Existencia de roles, estereotipos y mandatos de género

Por ejemplo, este tipo de roles o estereotipos todavía afectan al modo en que ambos géneros afrontan el cuidado de su salud. En muchas ocasiones, las mujeres no destinan el suficiente tiempo a su salud, y en muchos casos todavía priorizan el atención y el cuidado de otras personas.

Persistencia del modelo biomédico en la atención sanitaria

Uno de los principales factores para que todavía no se adopte la perspectiva de género en salud, es la persistencia de un modelo biomédico que pone especial atención en factores biológicos, pero que deja de lado los factores sociales y psicológicos. Este modelo de atención sanitaria no aborda con la suficiente profundidad algunos factores relacionados con el sexo, el género, la clase social, la procedencia cultural, etc.

Comunicación inadecuada

Tal y como vimos en nuestro artículo sobre comunicación con perspectiva de género, la ausencia de comunicación, o la falta de un modelo comunicativo efectivo, también influye negativamente. Hay una carencia de fórmulas de comunicación eficaces, y todavía no existe un lenguaje médico inclusivo que se adecúe a las necesidades de los pacientes según su género.

Barreras en el acceso al sistema sociosanitario

Por último, el diseño y estructura del propio sistema sociosanitaria establece barreras relacionadas con el idioma, los recursos disponibles en cada zona, diferencias entre entornos urbanos y rurales, procedencia cultural, la gestión administrativa, y otra serie de factores que dificultan o impiden la adopción de la perspectiva de género en la atención sanitaria.

10 pautas para aplicar la perspectiva de género en salud

Para que la perspectiva de género en salud pueda ser una realidad, es necesario seguir una serie de buenas prácticas como las que vemos a continuación.

Comunicación más adecuada y efectiva

Es necesario crear un entorno adecuado para la comunicación, en la que las mujeres se sientan seguras y respaldadas, donde no existan reproches, juicios o críticas por razón del sexo, y en el que el sexo femenino pueda expresar sus dolencias, quejas o problemas de manera libre y segura.

Atender a los malestares de género

El modo de socialización de las mujeres y los roles y estereotipos de género han ahondado en una especie de autocensura que provoca que las mujeres no expresen sus malestares o enfermedades en la misma medida que los hombres. En este sentido, es necesario eliminar los mecanismos que favorecen ese silencio, generalmente movido por la culpa o el temor a la sanción social.

Dejar de lado los estereotipos de género

En muchos casos, estos estereotipos tienden a despreciar o infravalorar las dolencias de las mujeres y a minimizar algunos problemas propios del género femenino relacionados con la salud. La eliminación de estos estereotipos evita comportamientos por parte del personal sanitario que discriminen a las mujeres o que minimicen su dolor y sufrimiento.

Explicar diagnósticos y tratamientos

Todos los diagnósticos, así como los tratamientos y procedimientos que se van a llevar a cabo, se deben explicar de forma clara y fácilmente entendible, y se debe solicitar consentimiento para llevarlos a cabo. Del mismo modo, se ha de fomentar la participación activa de las mujeres en el cuidado de su salud y sobre las decisiones que atañen a su propio cuerpo.

Aplicar los determinantes de género a las profesionales de la salud

Hay que tener en cuenta que las propias profesionales de la salud pueden verse afectadas por los determinantes de género. Por ejemplo, a la hora de realizar dobles jornadas o de compatibilizar su trabajo con sus roles de madres o cuidadoras. En este sentido, hay que prestar especial atención a los factores sociales o culturales que influyen en la labor de las profesionales de género femenino.

Crear grupos de apoyo

Otra buena práctica para adoptar la perspectiva de género en salud es crear grupos de apoyo entre mujeres que valoren el impacto de los determinantes de género en la salud, de manera que se pueda crear una espacio o entorno en el que primen la protección y el autocuidado, y en el que se aborde desde la autoestima las problemáticas de las mujeres relacionadas con la salud.

Tener en cuenta la situación social de la mujer

Hay que estudiar los casos con detenimiento. En ocasiones, será necesario despatologizar los testimonios de las pacientes que acuden a consulta. Puede suceder que se esté atendiendo a mujeres con malestares de género relacionados con sus procesos vitales, pero que no están enfermas, Para ello es necesario escuchar y comprender su visión sobre su situación y por qué influye en su estado de salud.

Primar la atención a mujeres por parte de mujeres

Es recomendable que las pacientes de género femenino sean atendidas por profesionales de su mismo sexo. Esto resulta especialmente útil en casos de abusos o agresiones sexuales, o de violencia de género, donde resulta fundamental crear un lazo afectivo o un clima de confianza entre las partes.

Solicitar formación sobre perspectiva de género en salud

Los profesionales sanitarios se han de formar en perspectiva de género, interculturalidad y en los factores sociales, psicológicos y culturales que afectan a la salud. Esto les permitirá brindar una atención sanitaria más humanizada y mejorar las relaciones entre médico y paciente.

Fomentar las redes de trabajo

Por último, es aconsejable trabajar con entidades, asociaciones o iniciativas de la zona encaminadas a mejorar el bienestar de las mujeres, o que trabajen en favor de una atención sociosanitaria que tenga en cuenta los determinantes de género.

En definitiva, la perspectiva de género en salud solo puede alcanzarse complementando el enfoque sanitario desde la biología, con la valoración de otros factores sociales, culturales y psicológicos que afectan de manera particular a las mujeres y que pueden influir en su salud y situación vital.

Recuerda que una de las formas de adoptar la perspectiva de género en hospitales o centros de salud es contar con un Plan de Igualdad. No olvides que, además, este plan de igualdad es obligatorio para cualquier organización con más de 50 trabajadores.