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Compliance

Mitos y realidades sobre los denunciantes

¿Héroes o traidores? Los denunciantes o alertadores siempre han sido una figura no exenta de controversias, rodeados de mitos y concepciones que desvirtúan su realidad. En este artículo vemos los mitos y realidades sobre los denunciantes de irregularidades más extendidos.

5 mitos y realidades sobre los denunciantes de irregularidades

En torno a la figura del denunciante, o el alertador o whistleblower, siempre ha existido toda una suerte de mitos y realidades que han pintado a este como traidor y como héroe, dependiendo de la óptica con la que se lo mirase. Pero lo cierto es que los denunciantes cumplen un papel crucial en las empresas y en la sociedad, ya que gracias a ellos se ha podido poner freno a conductas y comportamientos irregulares y la comisión de delitos, incluso han propiciado el cambio de algunas leyes y la promulgación de algunas nuevas normas, que han contribuido a mejorar los derechos y la vida de las personas.

Para entender mejor la importancia de los denunciantes y por qué realmente no merecen el epíteto de traidores que a lo largo de la historia se les ha venido adjudicando (desde que Daniel Ellsberg, considerado por muchos el primer whistleblower, filtrara casi 7.000 documentos del Departamento de Defensa a la prensa estadounidense, en los que dejaba en evidencia las mentiras que el gobierno de EE. UU. había contado a la opinión pública sobre la guerra de Vietnam), repasamos los cinco mitos y sus correspondientes realidades sobre la figura de los denunciantes y por qué implementar un canal de denuncias interno supone un beneficio para la empresa.

Los denunciantes solo denuncian por venganza o beneficio personal

Es uno de los mitos más extendidos, el que los alertadores solo denuncian movidos por motivos personales, como la venganza en contra de jefes o compañeros o la propia empresa, o para obtener alguna clase de beneficio personal.

Aunque es cierto que es posible que algún denunciante lo haga movido por estas razones, en la gran mayoría de los casos, a los denunciantes les mueve su propia brújula ética y la necesidad de hacer lo correcto, cuando son testigos de alguna irregularidad, especialmente cuando esta tiene el potencial de afectar negativamente a otros compañeros o a la propia sociedad, o ya lo está haciendo.

Además, cuando un empleado toma la decisión de denunciar una irregularidad, está exponiendo su puesto de trabajo y hasta su carrera, ya que, cómo hemos dicho, para algunos, estas personas no son más que traidores, especialmente cuando sobre quienes alertan de irregularidades son gobiernos o grandes corporaciones.

Los denunciantes causan más daño que beneficio a la empresa

Pensar que las denuncias de irregularidades cometidas en la empresa solo pueden causar daño a la reputación de la misma, es un escenario, y mito, común entre mucha gente. Se cree que una denuncia solo puede dañar los intereses de la empresa, pero nada más lejos de la realidad.

Un sistema interno de información tiene como fin, precisamente, que aquellas irregularidades que detecten los miembros de la empresa, se denuncien primero por la vía interna, de manera que el problema pueda resolverse internamente, sin necesidad de llegar a las autoridades (salvo en el caso en el que sea necesaria su intervención porque así lo dice la ley) o, peor aún, de que el denunciante, frustrado con la inacción de la empresa, decida ir directamente a los medios de comunicación, lo que sin duda sí que causará un efecto negativo sobre la imagen y reputación de la empresa.

Así, uno de los beneficios del canal de denuncias interno para empresas es poder detectar y prevenir en fase temprana cualquier irregularidad, antes de que estas puedan hacerse públicas.

Además, a medio y largo plazo, una empresa que gestiona adecuadamente las denuncias internas, acabará desarrollando una mejor cultura ética y de cumplimiento normativo, transmitiendo una imagen de mayor transparencia, responsabilidad y confianza.

Los denunciantes son empleados desleales

También es una creencia habitual pensar en los denunciantes como empleados desleales, que no miran por el bien de la empresa, sin embargo, y en línea con lo que hemos ido viendo hasta ahora, los denunciantes suelen ser en su mayoría empleados leales, que respetan el código ético de la compañía y las leyes y si denuncian una irregularidad que esté ocurriendo en el lugar de trabajo, lo hacen movidos por esos valores.

Además, en la gran mayoría de los casos, los denunciantes prefieren recurrir al canal de denuncias interno, para que sea la empresa la que resuelva la situación, antes de acudir a canales de denuncia externos o los medios de comunicación, especialmente estos últimos, que suelen exponerlos mucho más ante la opinión pública.

Los denunciantes prefieren hacer públicas sus denuncias

Ya hemos visto en puntos anteriores que este mito no es cierto; los denunciantes no prefieren hacer públicas sus denuncias, al menos, no desde el primer momento, sino que prefieren acudir al sistema interno de información, si la empresa dispone de uno, o, cuando no lo tiene, acudir a sus superiores para denunciar la situación irregular (si se sienten lo suficientemente seguros para ello).

Los alertadores solo recurren a la denuncia pública cuando sienten que sus superiores no toman ninguna acción para corregir la situación, especialmente cuando la situación irregular supone un perjuicio o daño a los intereses de los propios trabajadores o a los de la sociedad o puedan poner en riesgo a esta.

Los denunciantes están solos frente a las represalias

Este último mito es en parte cierto, especialmente en países que aún no han promovido leyes para la protección de los alertadores. Actualmente, en la UE está en vigor la Directiva Whistleblowing y en España la Ley para la protección de denunciantes de corrupción, que transpone al ordenamiento jurídico español la citada Directiva. Ambas normativas regulan el funcionamiento del canal de denuncias, pero también prohíben cualquier tipo de represalia contra los denunciantes y obligan a las organizaciones a garantizar su confidencialidad y a brindarles medidas de apoyo.

Por lo tanto, en aquellos países en los que existen leyes que protegen a los alertadores, estos no están solos frente a las represalias y sus empleadores, así como el Estado a través de la figura de la correspondiente autoridad de control (en España es la Autoridad Independiente de Protección del Informante) deben preocuparse de que efectivamente no las sufren.

Se trata, en definitiva, de ver a los denunciantes de irregularidades no como traidores o chivatos, sino como personas preocupadas por la ética y el cumplimiento normativo, que contribuyen a mejorar las empresas y organizaciones en particular y a la sociedad en general.